Ir a Página de Inicio
 
 

13 de agosto de 2001

- Flujos migratorios, mafias y leyes restrictivas -

Pobreza sin fronteras

Xavier Caño Tamayo*

En el estrecho de Gibraltar, que enlaza el Mediterráneo con el Atlántico, frontera sur de la Unión Europea, con el buen tiempo estival se produce una avalancha de barcas sin quilla con motor (las pateras) hacia las playas españolas. Según una asociación de trabajadores inmigrantes marroquíes, ATIME, a los cientos de clandestinos muertos en las costas españolas hay que sumar los que fallecen en el inicio del camino, en la zona de Marruecos y que son cuatro veces más: 3.924 ahogados en cinco años. En los primeros siete meses del año 2001, las fuerzas policiales españolas han 'cazado' y expulsado a más de siete mil inmigrantes clandestinos procedentes de Marruecos, Nigeria, Gabón y otros países africanos.

El flujo constante de inmigrantes clandestinos, que arriesgan incluso la vida, no cesará mientras la distribución de los recursos y de la riqueza haga que tres cuartas partes del mundo vivan en diversos grados de pobreza.

Frente a este fluir constante de los desheredados hacia los países ricos, los gobiernos han optado por cerrar las fronteras. La Patrulla Fronteriza estadounidense, la Guardia Civil española o los Carabineri italianos continúan formando una barrera que intenta evitar el paso de los inmigrantes sin papeles.

Este cierre u opacidad de las fronteras, sin embargo, no se decreta porque se haya acabado el trabajo. En Europa y en Estados Unidos, empresarios de todos los sectores confiesan pública o privadamente la necesidad de trabajadores inmigrantes. En la construcción inmobiliaria, en tareas no especializadas de hostelería y restauración, en la siembra y recolección y en trabajos auxiliares en obras públicas, los inmigrantes son cada vez más buscados porque los naturales no aceptan la dureza y los bajos salarios de esos empleos.

El cierre u opacidad de fronteras de países ricos responde en algunos casos a motivaciones electoralistas, al temor a una opinión pública más o menos manipulada y xenófoba y a razones populistas que pretenden satisfacer los temores de los naturales de esos países. Pero el cierre también es debido a que se consolida un sistema productivo basado cada vez más en el abuso del trabajador y en considerarlo provisional y prescindible por épocas.

El colmo de esta cerrazón de los países más desarrollados ante el fenómeno de la inmigración incesante podría ser la propuesta de Umberto Bossi, líder del derechista y xenófobo partido Liga Norte. Bossi, socio de Silvio Berlusconi en el gobierno de Italia, olvidando que Italia ha sido hasta hace muy pocas décadas un país de abundante emigración, quiere proponer una ley que convierta en delito la inmigración ilegal; no a los traficantes de hombres, sino a los inmigrantes mismos. También ha propuesto que se ofrezca un contrato temporal a los inmigrantes sin documentación y que éstos se comprometan a abandonar el país de inmediato al finalizarlo. Mano de obra barata y expulsión automática cuando ya no se necesite. Expulsión, fronteras cerradas y leyes restrictivas son la respuesta del norte rico a la gran marea de la inmigración.

Sin embargo, lo único que los países ricos consiguen con el blindaje de sus fronteras es impulsar movimientos incontrolados de inmigrantes clandestinos y crear las condiciones adecuadas para la actuación de grupos organizados de delincuentes que trafican con seres humanos.

En España se ha promulgado una Ley de Extranjería restrictiva que niega derechos fundamentales a los inmigrantes e incrementa los instrumentos represivos en manos del Gobierno. Dicen que es una ley para luchar contra las mafias que trafican con seres humanos, pero desde que entró en vigor se han expulsado más inmigrantes sin documentación que nunca y también más que nunca se ha incrementado la actividad de los grupos de delincuentes organizados. Hace unos días la policía española desarticuló dos bandas de marroquíes que habían secuestrado a veinticuatro compatriotas indocumentados y los mantenían encerrados en condiciones infrahumanas hasta que les pagaran 1.200 dólares cada uno, cantidades que consideraban se les adeudaba aún. En las islas Canarias la policía desmontó una organización dedicada al tráfico de mujeres procedentes de Europa del Este y Latinoamérica y luego obligadas a prostituirse. Y también han sido desmontados grupos de nigerianos perfectamente organizados que traen engañadas a mujeres de su país para dedicarlas también a la prostitución; desde hace más de un año, la mayor parte de las prostitutas que se ofrecen a todas horas en un amplio parque de Madrid llamado la Casa de Campo son africanas. El señuelo es el trabajo en Europa, pero luego las obligan a prostituirse para pagar una elevada deuda de su viaje clandestino de hasta 30.000 dólares por mujer. Las noticias de bandas de delincuentes extorsionando o secuestrando a inmigrantes clandestinos deudores se multiplican.

Todos los esfuerzos de la Unión Europea o de los Estados Unidos para sellar sus fronteras han resultado inútiles; más de medio millón de inmigrantes clandestinos llegan a Europa cada año y en Estados Unidos el flujo es incesante. Según la Organización Internacional de Migraciones con sede en Ginebra, en el sur de Europa podría haber más de tres millones de indocumentados, magrebíes, subsaharianos, albaneses, kurdos y turcos. Y no es por casualidad que en Estados Unidos el presidente Bush tenga en su mesa un plan para legalizar de forma paulatina hasta dos millones de inmigrantes mexicanos sin papeles que no estén trabajando en el sector agrícola. Si se multiplica el número de esos indocumentados por cifras que pueden ir desde los 4.000 hasta los 20.000 dólares por persona introducida clandestinamente, se observará que el tráfico de seres humanos constituye un muy saneado negocio. El progresivo endurecimiento del paso de fronteras del empobrecido Sur con el rico Norte ha aumentado las posibilidades de negocio de los traficantes de personas.

Hora es ya de que, atendiendo a los llamamientos incesantes de las organizaciones solidarias y humanitarias europeas y estadounidenses e incluso del Parlamento Europeo, las políticas de inmigración del Norte se tornen inteligentes, respondan a la realidad tal como es, se flexibilicen y preparen el futuro inmediato inevitable, mestizo y plural. Porque una cosa es bien cierta: la avalancha de inmigrantes no cesará. No, mientras la pobreza pasee sin fronteras por el mundo.

*Periodista