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  La crisis del asilo y refugio: un reto para la Unión Europea

Dick Oosting*

Si había necesidad de convencernos de que vivimos en un mundo cada vez más interrelacionado, los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre nos han suministrado pruebas de ello. Las ramificaciones y consecuencias de estas terribles acciones se sienten en cada rincón del globo terráqueo. Y sin la menor duda, tendrán un efecto directo sobre la protección de los solicitantes de asilo en Europa.

El sistema de asilo en la Unión Europea (UE) se encuentra efectivamente en crisis, pero no se trata del tipo de crisis que la retórica política y de algunos medios de comunicación nos hacen creer. Las llamadas "oleadas" de solicitantes de asilo que llegan a las costas de Europa sólo representan, de hecho, una fracción de las enormes cantidades de refugiados de los que se hacen cargo otros países más pobres en el mundo. La verdadera crisis, desde el punto de vista de Amnistía Internacional (AI), está en la manera en que la UE responde a la amenaza percibida, y en sus esfuerzos por construir una política común de asilo e inmigración. AI ha lanzado una campaña europea para intentar contrarrestar la imagen negativa de los solicitantes de asilo que está impulsando la UE y para hacer un llamamiento a la cumbre de Laeken para que se comprometa de forma explícita con el derecho de asilo en la UE.

Si bien, a lo largo de la última década, la Unión Europea ha creado un fuerte entramado de derechos humanos, la protección de los refugiados es un punto negro en su política. Mientras que se intenta construir un nuevo sistema de asilo común, el énfasis principal parece estar puesto en los mecanismos para impedir a la entrada de personas, no para protegerlas. El nuevo sistema de asilo de la UE, -proclamado en la cumbre de Tampere de 1999-, iba a anclarse en la "plena y total aplicación de la convención de Ginebra". Pero esta convención se ha convertido hoy por hoy en el único instrumento internacional de derechos humanos que los gobiernos se atreven abiertamente a poner en tela de juicio.

Sin embargo, el asilo no es un mero instrumento político que se puede retirar a capricho del gobierno consumidor: se trata de un derecho legal, y una herramienta vital en la protección de los derechos humanos que impone obligaciones legales a los gobiernos. Por supuesto, los Estados tienen el derecho de controlar la entrada a su territorio, pero tienen asimismo la obligación de respetar en todo momento el derecho de asilo. Nunca se debe olvidar que hay un motivo claramente identificable (y que se puede prevenir) para que los refugiados huyan de sus casas: las personas se convierten en refugiados porque sus derechos se encuentran en grave riesgo de ser violados. Y el número creciente de refugiados en el mundo no es ni un problema temporal ni resultado del azar. Es, por el contrario, la consecuencia perfectamente predecible de las crisis de derechos humanos como la que estamos viviendo, el resultado de decisiones tomadas por personas con poder sobre las vidas de otras personas.

En su deseo por construir la Fortaleza Europea, el nuevo sistema de asilo de la UE puede violar el derecho internacional: a los refugiados se les impide llegar a la Unión Europea con medidas de control a la inmigración que no tienen en cuenta las obligaciones internacionales en materia de refugiados. Se sanciona a las líneas aéreas, se imponen visados y planes de recepción en la región. Si consiguen llegar, los refugiados pueden ser detenidos ilegalmente y se les niega el acceso a procedimientos justos y satisfactorios de solicitud de asilo. Si logran acceder a estos procedimientos, éstos son acelerados de forma que no cumplen con los requisitos mínimos establecidos para un procedimiento justo. No se garantiza la protección eficaz y duradera de quienes obtienen finalmente el refugio.

A nadie extraña que los refugiados se encuentren a merced del tráfico de personas. Y es que se enfrentan a un elenco formidable de obstáculos que dificultan, o imposibilitan, el viaje hacia la seguridad, y las mafias se alimentan de esas políticas de fronteras cerradas. Las barreras para los refugiados ni siquiera están en las actuales fronteras de la UE. De hecho, la UE está extendiendo sus obstáculos buscando acuerdos con los países que producen refugiados para cortar la emigración y facilitar la repatriación. Se negocian cláusulas de readmisión como parte de los acuerdos que la UE firma con terceros países. Algunos de estos países son notorios violadores de derechos humanos que intercambian a seres humanos por ayuda económica. Al mismo tiempo, los obstáculos que deben superar las personas para conseguir asilo en Europa contrastan con la facilidad con la que se sigue exportando armamento europeo a terceros países, avivando así los conflictos violentos que allí tienen lugar. La falta de controles fronterizos sobre la transferencia de armas a países que violan los derechos humanos es un claro testimonio de la desidia de Europa a la hora de traducir sus intenciones en materia de derechos humanos en acciones coherentes. ¿Acaso es éste el nuevo modelo europeo que debe de ser un ejemplo para el mundo?

Mientras la cuestión del asilo y refugio se mantenga desconectada de la política general de la UE en materia de derechos humanos, seguirá siendo un déficit de la propia Unión Europea que plantea dudas fundamentales sobre sus aspiraciones globales. Ahora, más que nunca, es el momento en que la UE debe dar muestras de otro tipo de liderazgo político y moral.
*Director de la oficina para la Unión Europea de Amnistía Internacional

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