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  CANNABIS EN LA MEDICINA


Después de más de medio siglo de prohibición, la sociedad humana ha olvidado las grandes propiedades curativas, que diferentes culturas han reconocido a la planta de cannabis durante más de 5.000 años.
Este olvido y extraña discriminación que ha afectado al "regalo de los dioses" -para muchas tradiciones- nos ha privado de los beneficios ancestrales de esta planta, que además es de muy fácil cultivo, crece en cualquier clima y es resistente a plagas y pestes.

La cannabis aparece citada en los primeros escritos de la medicina y la farmacopéa de diferentes sociedades, lo que nos permite pensar seriamente que su uso se extiende desde la prehistoria hasta nuestros tiempos.
Los chinos reconocían en la cannabis la propiedad de calmar los trastornos digestivos y de mejorar el estado de los que sufrían enfermedades nerviosas, la usaban para el paludismo, dolores reumáticos, disentería, para inducir el sueño, mejorar el apetito y para muchos otros males. Este se trata de un reconocimiento común a toda la antigüedad.
Se encuentran huellas en la medicina china, india, griega, egipcia y romana. Cada una de esas culturas utilizaba la planta con los mismos fines.

Al finalizar la Edad Media, se usaba una mezcla de cannabis y mantequilla a modo de pomada para aplicar sobre heridas e inflamaciones de la piel.
Su uso fue cesando hacia mediados del siglo XVI, en que se comenzó a perder la pista del cannabis en la farmacéutica europea, sin embargo conservó muchas otras aplicaciones fuera del dominio médico.
Como se ha repetido, era indispensable en la fabricación de todo tipo de cordelería.

El interés que suscitaba la fibra de cáñamo fue creciendo con la constitución de grandes flotas navales y mercantiles, en una época donde se abrirían nuevas rutas marítimas hacia Asia y se descubriría el Nuevo Mundo.
Los ingleses fueron los primeros en Occidente que comprendieron cuanto podía aportar el cannabis a la farmacéutica, tanto por su aspecto terapéutico como puramente comercial. En la India, los médicos enseñaron a sus colegas británicos las múltiples aplicaciones de ese remedio.
El Dr. William O'Shaunessey, que ejercía en Calcuta, pudo constatar que la ingestión de marihuana podía, a condición de ser bien dosificada, calmar los espasmos y convulsiones de los pacientes afectados por la rabia o el tétanos.
El interés que suscitó el cannabis en el cuerpo médico británico no tardó en extenderse rápidamente al resto del mundo.

Uno de los primeros aportes norteamericanos sobre el uso terapéutico de la marihuana data de 1860. Se trata de un escrito de la sociedad médica de Ohio sobre la acción de la planta en caso de espasmos y convulsiones, así como sus efectos sobre trastornos intestinales.
Durante la guerra civil norteamericana, la marihuana era el principal analgésico de las tropas yanquis hasta la introducción de la morfina inyectable, a finales de 1863.

En el cambio de siglo, la marihuana se había convertido en un remedio corriente.
La reina Victoria, por ejemplo, la utilizaba para atenuar los dolores menstruales. Su médico, el Dr. Reynolds, escribió en su diario alrededor del 22 de mayo de 1890: "Parece ser que hay muchos casos de epilepsia en la población adulta, creo que se trata de males de origen nervioso y que el cáñamo indio cura de manera muy notable".

La literatura médica, sobre todo a finales del siglo XIX, hace numerosas alusiones a la cannabis, referentes al tratamiento -entre otros- del dolor, los espasmos, las depresiones y los trastornos digestivos. Los textos americanos de la época indican que la planta de cannabis estaba recomendada para una cincuentena de males y enfermedades comunes, como mínimo.
La cannabis no sólo aportaba alivio al enfermo; muchas veces era utilizada para combatir la infección. En forma concentrada, la planta tiene un poder anti vírico sorprendente, aunque no se ha establecido del todo la medida.

La nueva industria química y farmacéutica puso en marcha investigaciones concertadas para levantar el velo que cubre los misterios de las propiedades terapéuticas de la cannabis. Pero fue en vano. A pesar del dinero destinado y los esfuerzos dispuestos, aún los químicos parecen incapaces de aislar todas las substancias activas de la cannabis y de descifrar la utilidad que éstas pueden ofrecer al ser humano.

Ante la dificultad de aislar y patentar las substancias químicas de la marihuana, los laboratorios farmacéuticos se desinteresaron de la planta hacia 1936. Les resultaba más fácil y provechoso económicamente, la fabricación de substancias sintéticas.
Este brusco desinterés de la comunidad farmacéutica fomenta el juego de aquellos que buscaban la prohibición de la planta.

En 1937, a raíz del debate en el Congreso a propósito de la ley sobre la marihuana, una de las pocas organizaciones que se levantan contra la prohibición fue la AMA (American Medical Asociation). Su portavoz en Washington, el Dr. William Woodward, declaró ante la comisión de Finanzas: "Nuevos trabajos con métodos modernos podrían revelar la existencia (en los compuestos químicos de la marihuana) de propiedades terapéuticas aún desconocidas". La AMA se oponía a la prohibición por dos razones:

1- La AMA había llegado a la conclusión de que la marihuana no era lo suficientemente peligrosa como para justificar las leyes prohibitorias con sanciones penales. Definitivamente no se encontraban evidencias claras o pruebas concluyentes de daños al organismo humano, ocasionados por la ingestión de marihuana.

2- Si no se aprobaba la ley de prohibición la AMA podría disponer de marihuana libremente para continuar con los importantes experimentos médicos.

El Congreso aplicó una decisión salomónica optando por la prohibición social aunque reconociendo a la marihuana una utilidad terapéutica potencial.
El FBN (Federal Bureau of Narcotics), publicó un reglamento de más de 60 páginas que detallaban las múltiples exigencias legales con que el estado condicionaba el uso de la marihuana en el dominio médico. Desalentados por tal cúmulo de papeles y normas, los médicos no tardaron en desinteresarse de la marihuana. Al estallar la II Guerra Mundial, la marihuana prácticamente había desaparecido de la farmacéutica nacional en Estados Unidos.
Las únicas investigaciones oficiales que se conocen sobre el cannabis fueron hechas por los servicios secretos americanos, encuadradas en un vasto programa conocido por el nombre de "MK-Ultra". Lo que se descubrió en esas muy secretas investigaciones, es muy posible que no lo sepamos jamás. Absolutamente todos los dossiers de "MK-Ultra" con toda la información y los experimentos realizados, fue destruida en 1973, cuando la crisis del Watergate amenazaba la caída del presidente Richard Nixon y exponer al conocimiento público las poco claras acciones de los servicios secretos, era inconveniente para el estado...

La marihuana, ante la ausencia de información verídica (a pesar de que muchos textos históricos elogiaban sus propiedades curativas), fue declarada ilegal, nociva, inútil para la medicina y socialmente peligrosa. Todo acceso legal a la marihuana, incluso para uso médico, quedó expresamente prohibido.
A pesar de las leyes en contra del cultivo y consumo, las investigaciones continuaron y a raíz de la existencia de un conjunto sólido de trabajos científicos, se han "redescubierto" las propiedades curativas evidentes de la planta de cannabis.

En 1970, un oftalmólogo del Jules Stein Institut de la U. de California, descubrió por azar que la marihuana disminuía de forma significativa la tensión inter-ocular y era susceptible de intervenir en el tratamiento del glaucoma, una de las causas principales de la ceguera en el mundo.

En 1972, los médicos del centro anticancerígeno de Sydney Farber en Boston, descubrieron que entre sus pacientes, los que fumaban marihuana sufrían menos náuseas después del tratamiento químico.
En 1975, los médicos de Harvard quisieron evaluar el papel de la marihuana en el tratamiento de los efectos secundarios de la quimioterapia. Los investigadores de Harvard, se toparon con un muro burocrático. Las autoridades federales les negaron el derecho a usar el producto verdadero: Debían conformarse con el THC sintético.
El THC "sintético", como pudieron comprobar los investigadores de Harvard, es eficaz, pero menos -según los mismos enfermos- que la verdadera marihuana.
El Dr. Norman Zinberg, que participó en el proyecto, explica que una cuarta parte de los pacientes atendidos abandonaron el tratamiento para buscar verdadera marihuana.

Una serie de trabajos posteriores llegan a la misma conclusión. Se daba THC sintético a los pacientes. Al principio, las pastillas parecían hacer efecto. Pero los enfermos no tardaron en volver a sentir náuseas. El director de las investigaciones, el Dr. Alfred Chang, suministró a esas personas marihuana y de nuevo el tratamiento se mostró eficaz a más largo plazo. En conclusión el doctor Chang explicó que el 90% de los enfermos de cáncer que fumaban marihuana sufrían menos nauseas y vómitos que los otros.

En la misma época, el Dr. Denis Petro, neurólogo, se propuso estudiar los efectos de la marihuana sobre las condiciones neurológicas. Durante años, el Dr. Petro y otros neurólogos habían oído decir por los enfermos afectados de esclerosis en placas que la marihuana contribuía a aliviar los espasmos violentos, ligados a esta afección degenerativa del sistema nervioso. El Dr. Petro chocó a su vez con la rigidez del sistema burocrático y le fue prohibido utilizar otra cosa que no fueran las pastillas de THC sintético. En medio de todos estos descubrimientos científicos comenzaron a producirse demandas de reforma, tanto a nivel político como jurídico.

En 1978, Lynn Pierson, un joven enfermo de cáncer en Nuevo México, se peleó con las instituciones de su Estado para obtener legalmente la marihuana. Resultado: Nuevo México fue el primer estado en reconocer la utilidad terapéutica de la marihuana. Por consiguiente, se puso en marcha el primer programa oficial que legisló el uso médico de la planta.
En Nuevo México, entre 1979 y 1996 un creciente número de enfermos obtuvieron el permiso para conseguir marihuana legalmente bajo control médico. Detallados estudios y múltiples testimonios de los mismos enfermos, demuestran que más del 90% de las personas evolucionaron mejor.

Cierto numero de estados siguieron los pasos de Nuevo México. En 1983, 34 parlamentos de estado se habían decidido contra la prohibición médica de la marihuana. Las agencias federales encargadas de problemas con la droga no se mostraban demasiado dispuestas a ceder.
Hizo falta ejercer terribles presiones para que aceptaran devolver el THC disponible para uso médico (1980) y concedieran a los laboratorios privados el derecho a fabricar esta substancia química-sintética (1986).
El THC sintético, apodado la pastilla de yerba (pot pill), a la venta bajo el nombre de marinol, es a partir de entonces administrado bajo indicaciones a los enfermos de cáncer.

Paralelamente, prestigiosas asociaciones de salud, representantes de colectivos de abogados, científicos y médicos pidieron al congreso que pusiera fin a la prohibición médica contra el uso de la marihuana. El tribunal federal ordenó a la DEA que organizara una serie de comisiones de estudios sobre el uso médico de la marihuana.
Los informes recogidos por las comisiones que se llevaron a cabo entre 1986 y 1989, dieron forma a un exhaustivo trabajo y estudio sobre los usos médicos de la marihuana en el siglo 20.

Fueron entrevistados más de cien especialistas, 5.000 páginas con testimonios de todo tipo de experiencias sobre los efectos de la marihuana y las reales posibilidades de aplicarla en la medicina moderna.
Como resultado de estas comisiones, el propio juez administrativo de la DEA, decretó que la marihuana tiene una innegable utilidad terapéutica y recomendó que fuera liberada. Condenó la prohibición médica impuesta por la DEA y la calificó de "poco razonable, arbitraria y extraña".

En Diciembre de 1989, las autoridades de la DEA sin considerar los resultados de sus propias comisiones, deciden mantener la prohibición sobre el uso médico de la marihuana.
En ésta oportunidad, de nuevo muchas personas y organizaciones se levantan contra esa decisión y pretenden llevar su propuesta ante el tribunal federal. En la actualidad el proceso está aún en curso.

Aún que la lucha legal por su legalización sigue su curso lentamente, la marihuana mientras tanto está siendo utilizada por importantes organismos relacionados con la salud, especialmente en USA, eso es un hecho que por mucho que se intente ocultar, es real y cada día se evidencia más.
La excesiva aprensión que sufren las organizaciones sociales dominantes, por los efectos de la marihuana en los individuos, se enfrenta inevitablemente a una difícil situación, todo indica que estamos cerca de un reconocimiento oficial del error que se ha cometido con la planta de cannabis.

Pareciera estar más cerca de lo inimaginable lo que ha sido normal durante miles de años: que el ser humano, al igual que muchas otras especies, recurren a los elementos de la naturaleza que les son benéficos para la salud del cuerpo, para su alimentación, para el desarrollo de los sentidos y para la elevación del espíritu.

Se puede afirmar que la planta de cannabis es un espécimen único en el reino vegetal. Contiene más de 400 substancias químicas, que aún no pueden ser acabadamente investigadas, por las dificultades que se derivan de la prohibición.
Más de sesenta de esas substancias no se encuentran en ninguna otra planta, en ningún otro lugar de la naturaleza, -salvo en ciertas zonas receptivas del cerebro humano-.

Estos descubrimientos sugieren la existencia de profundos lazos de unión y extraordinarias similitudes en la composición molecular de los neurotransmisores y la composición molecular del THC.

Lester Grinspoon, M.D., investigador de la escuela de medicina de la Universidad de Harvard, considerado como uno de los máximos expertos actuales, en lo relativo a la marihuana medicinal, confirma todo lo planteado en este informe, en su libro Marihuana The Forbidden Medicine (Yale University Press,1993), y resume de la siguiente forma algunos de los usos medicinales que la planta de cannabis tiene para el ser humano:

"Cáncer:
El efecto secundario más común de la quimioterapia, es la náusea profunda que, a menudo, es tan intensa que el paciente no puede comer absolutamente nada. El THC, la substancia estupefaciente de la marihuana, tiene el efecto de bajar la náusea y restaurar el apetito en la gran mayoría de sus consumidores.
Glaucoma:
Este mal, la mayor causa de ceguera en los adultos, resulta del crecimiento y desequilibrio de la presión intraocular. El consumo de THC reduce la presión intraocular y restaura la visión normal en casi todos los usuarios.
Epilepsia:
Un estudio hecho en 1949 demostró que el cannabidiol, un estupefaciente presente en la marihuana, tiene fuertes efectos anti convulsivos en pacientes de epilepsia.
Esclerosis múltiple:
Hay indicios en varios casos de que la marihuana alivia los síntomas de la esclerosis múltiple, el deterioro del sistema nervioso central, y que también inhibe el avance de la enfermedad.
Paraplejia y cuadriplejia:
Originados por un daño a la columna, estos males llegan a menudo acompañados por dolor y espasmos musculares. Muchos pacientes han informado que la marihuana es más eficiente para quitar el dolor y los espasmos, que los opiacios, que los doctores les prescriben.
Sida:
El Zidovudine(AZT), el medicamento anti sida más utilizado, causa síntomas de nausea parecidos a los que ocurren en los enfermos de cáncer, pero es aún más importante que los enfermos de sida mantengan su apetito y peso corporal. Como en el caso del cáncer, la marihuana funciona bien para suavizar o eliminar las contraindicaciones del AZT.
Dolor crónico:
Algunos estudios han demostrado que la marihuana es muy eficaz como analgésico en los casos de dolor crónico.
El médico Grinspoon plantea que, aunque la cannabis no es tan fuerte como los opioides, no posee las contraindicaciones sedativas y adictivas que tienen aquellos.

(información extraída de la revista The truth seeker)