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  Análisis de la situación de los refugiados

Sin lugar en el mundo

Marta Caravantes*

Una de cada 120 personas en el mundo es refugiada. Viajan cargando con las posesiones que les quedan, no tienen destino, sólo un camino marcado con huellas de esperanza. Son personas sin nombre en lugares sin nombre: campos de refugiados, fronteras, caminos de polvo y barro... extensiones de tierra de nadie, donde apenas se sobrevive al límite de la dignidad. Según Naciones Unidas, entre el 70 y el 80% son mujeres, niños y ancianos. Más de 22 millones de personas migraron forzosamente fuera sus países y 30 millones viven desplazadas dentro de las fronteras de sus Estados. 25 guerras activas -la mayoría silenciosas guerras que engordan el fabuloso negocio de las armas-, son sólo algunas de las causas de la desesperada huida de millones de personas.

Desde la aprobación de la Convención de Ginebra en 1951 como marco jurídico para los refugiados, el panorama, las características y la procedencia de los refugiados ha cambiado de forma radical. Si hace 50 años los 20 millones de refugiados que existían en el mundo eran en su mayoría europeos que huían de la 2ª Guerra Mundial, hoy la situación se ha invertido hacia el Sur. Por ejemplo, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), uno de cada tres refugiados en el mundo es africano. Por eso son imprescindibles soluciones y marcos legales adaptados a los nuevos problemas que no se producían en 1951.

Además de la procedencia, también han cambiado las características que definen a un refugiado. El Convenio sobre el Estatuto de los Refugiados de hace 50 años, señala que "el refugiado no es un inmigrante económico". Sin embargo, hoy en día la frontera entre refugiados e inmigrantes es cada vez más difusa, pues las causas del movimiento de las poblaciones se han transformado. Un refugiado, además del activista político amenazado por una dictadura, es una persona que huye de una hambruna provocada por una guerra, una mujer perseguida por costumbres sociales y religiosas represivas o un campesino obligado a desplazarse porque se le niega el derecho a la tierra o sufre la desertificación de su hábitat. Estos últimos casos, son los llamados 'refugiados ambientales'.

En los años cincuenta, los países del Norte conocían las circunstancias políticas que obligaban a los refugiados a abandonar sus lugares de origen; eran europeos, sabían su idioma, el dramatismo de su historia. Ahora, en su mayoría ignoran la realidad de aquellas personas procedentes del Sur. Como señala el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR) "hoy, poco o nada sabemos de los refugiados que llegan hasta Europa y, a veces, ni siquiera podemos ubicar su país de procedencia en el mapa." Desde el Norte enriquecido se desconoce su lengua, su historia, su cultura; los refugiados resultan ajenos y lo ajeno produce indiferencia y miedo.

A este desconocimiento, se añade la difusión de visiones distorsionadas de la realidad que llega a provocar un rechazo social hacia los refugiados. Por ejemplo, los países más ricos sostienen que son 'invadidos' por los refugiados de los países pobres y que las peticiones de asilo superan su capacidad de respuesta. Sin embargo, la realidad es muy diferente pues sólo el 10% de los refugiados llega a los países del Norte. Los países pobres son los que soportan el mayor peso de migraciones forzosas. Uganda, Tanzania o Tailandia son ejemplos de Estados que acogen gran cantidad de refugiados de sus pueblos vecinos. Las veinte naciones con una proporción de refugiados más elevada presentan un ingreso per cápita que no supera los 700 dólares anuales. Además, los refugiados cada vez reciben más problemas a sus solicitudes de asilo. Por ejemplo, entre 1985 y 1995, los países más ricos recibieron cinco millones de solicitudes. En 1998 casi la quinta parte seguía esperando respuesta.

Mientras sigan existiendo conflictos armados, pobreza y explotación, son necesarios cuanto antes nuevos marcos jurídicos y nuevas políticas desde los países del Norte que no dejen sin amparo y sin lugar en el mundo a 50 millones de personas.

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