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ALGUNAS REFLEXIONES PARA UNA CULTURA SEXUAL ABIERTA
Gonzalo Pérez, Psicólogo

Una cultura que no discrimine en base a orientación sexual necesita asimilar los hechos siguientes:

1. La experiencia de una sexualidad plena es esencial para la felicidad individual y constituye entonces un derecho humano fundamental.

2. El deseo sexual, la atracción erótica, es una vivencia subjetiva que tiene origen instintivo, es decir, inconsciente e involuntario. Lo que es "opción", lo que puede elegirse, es si se permitirá o no su expresión externa y la forma en que se expresará.

3. Los estudios comprueban que en todas las poblaciones se encuentra entre un cinco y un diez por ciento de personas cuya orientación erótica es homosexual, o sea, se dirige hacia personas del mismo sexo. En una ciudad como Santiago, esto significa entre 100 y 200 mil adultos homosexuales como mínimo.

4. Las investigaciones psiquiátricas han demostrado que la orientación homosexual no es una enfermedad mental y que es compatible con una personalidad sana y una vida realizada.

5. La psicología ha elaborado diversas teorías para explicar esta orientación diferente del deseo. Ninguna ha resultado consistente con todas las formas de homosexualidad que se manifiestan. En la actualidad se va coincidiendo en que se trataría de una tendencia innata, no aprendida, del impulso erótico. Hay resultados muy recientes de la investigación biológica que estarían confirmando un sustrato genético.

6. Todos los seres humanos son capaces de experimentar una respuesta erótica homosexual en circunstancias especiales como la reclusión (cárceles, barcos, internados) o la búsqueda creativa; pero el deseo homosexual es una orientación permanente en el cinco o diez por ciento de las personas.

7. El impulso homosexual, como todo impulso, necesita aceptación y valoración para expresarse satisfactoriamente. En vez de ello, encuentra en nuestra sociedad el rechazo más drástico, la censura más represiva. Pocas expresiones humanas reciben condena tan automática, desvalorización tan generalizada. Esta condición ambiental es también introyectada por las personas homosexuales en su aprendizaje social, generando una serie de dificultades psicológicas, además de obligarlos a una situación de clandestinidad para su vida íntima.

En el proceso de facilitar la apertura de nuestra sociedad hacia una cultura sexual no discriminatoria tendríamos que considerar los siguientes aspectos:

1. La intensidad con que la sociedad rechaza y daña a una enorme minoría que no la daña en modo alguno, nos indica la presencia de un fenómeno psicosocial de irracionalidad extrema, una actitud colectiva inconsciente que ha sido comparada con las fobias de la psicología individual. El mismo pánico de fondo, la misma obsesividad, la misma evitación de la experiencia real. Lo que diferencia a la homo-fobia es la posibilidad de encontrar culpables.

2. La discriminación y represión de la homosexualidad es analogable con la discriminación racial, que ha sido mucho mejor estudiada. El rechazo a negros o judíos ha sido investigado en profundidad, quedando claro que lo que se rechaza es la proyección de los rasgos valorados como negativos y por lo tanto, prohibidos en una sociedad. La minoría racial o sexual funciona como chivo expiatorio, recibiendo toda la proyección de lo reprimido, toda la "sombra".

3. La resistencia de la sociedad a enfrentar la realidad homosexual, entonces, corresponde psicológicamente al temor individual a conocer el lado oscuro de sí mismo, la sombra. La sombra relacionada con lo homosexual resulta de máxima amenaza para una sociedad patriarcal cuya autoimagen se funda en una rígida distinción de género y rol. Es una sombra que encierra la vulnerabilidad y sensualidad en los varones y la independencia e iniciativa en las mujeres.

4. La sociedad no permite, y por ende no conoce, ninguna manifestación homosexual positiva. Con la justificación enteramente falsa de impedir la "perversión por el ejemplo", que en la realidad no se da, impide la presentación artística o documental de hombres o mujeres realizados en el amor homosexual. El público sólo conoce las formas más extremas y distorsionadas de homosexualidad: el crimen pasional, los transexuales, el estereotipo satirizado por los cómicos. La vida homosexual normal transcurre sin ser vista.

5. La discriminación anti-homosexual es probablemente la más persecutoria de todas las formas de rechazo social y se inserta dentro de una represión global de la sexualidad, paradigmática de la sociedad patriarcal. Por ejemplo, la desvalorización y hasta prohibición tácita del autoerotismo.

6. Por la vía de la discusión pública, desde una postura de derechos humanos, es posible legitimar el derecho de las personas adultas a compartir su vida sexual en privado con otros adultos que igualmente lo quieran. Esta discusión facilitaría el proceso de difundir la información objetiva ignorada por el público y permitiría ir limpiando el lenguaje de sus connotaciones erróneas o peyorativas. Por ejemplo, la palabra "homosexualismo" sugiere una moda o una ideología; es necesario reemplazarla por "homosexualidad", que se refiere correctamente a una condición. Palabras como "perversión", "aberración", "invertido", "sodomía", "desviación" deberían irse extinguiendo.

7. El proceso mismo de aceptación de la homosexualidad es parte de una liberalización general de la sociedad y su consecuente valoración de la diversidad. La raíz del rechazo es profunda e inconsciente, y el cambio de actitud requiere transformaciones en nuestra idea de lo masculino y lo femenino. Los medios de comunicación son los facilitadores más eficaces de esta transformación, pero necesitan basarse en una visión clara y tranquilizadora que tendría que provenir de las ciencias sociales.