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  Somos responsables de la Tierra

Que la Tierra va hacia una hecatombe ecológica, ya pocos lo ponen en duda. En el curso de la historia ha habido desastres que llevaron a la desaparición de especies, de continentes e islas. Pero esos atentados no fueron ocasionados por los hombres. No tenemos más que contemplar los cielos en las grandes ciudades, o nuestras playas, mares y ríos. Se han incrementado las enfermedades relacionadas con el deterioro del medio ambiente, como asmas, alergias, cáncer, cardiopatías, piel, sistema glandular y, lo que es más espantoso, los traumas en las capacidades reproductoras de los seres humanos. Ignorar los estudios científicos es otra forma de suicido más peligrosa que el tabaco, las drogas o la proliferación de armas y la velocidad en las carreteras.

Paul Kennedy es profesor en la Universidad de Yale y autor de una importante reflexión en el artículo Dos estudios, una conclusión . Dice que ésta no ha sido una buena época para los conservadores de Estados Unidos que sostienen que la economía de libre mercado resuelve todos los problemas, y que se oponen a los esquemas de gobernabilidad internacional, mientras sostienen el derecho de todo ciudadano a conducir un vehículo que contamine irresponsablemente mientras consideran el Protocolo de Kioto una patraña socialista.

Cita a Tim Barnett, de la Institución de Oceanografía Scripps, de San Diego, que aportó nuevas pruebas de ecosistemas que se desmoronan bajo la tensión del cambio climático. Algunos de los datos sobre plantas que cambian de color, aves marinas que mueren, el deshielo de los glaciares andinos, resultan aterradores. Las pruebas del informe de su equipo son tan rotundas que cualquier ataque instigado por Washington contra la tesis de que las actividades humanas están provocando el calentamiento global sería “insostenible”.

Se pregunta si el gobierno de Bush y sus miembros vinculados a la industria del petróleo así como sus expertos reconocerán que se habían equivocado y que son imprescindibles medidas urgentes, sobre todo en EEUU en donde, con un 4,5% de la población mundial, emite un 25% de todos los gases con efecto invernadero a la atmósfera. Por eso, Paul Kennedy aporta otro estudio basado en la encuesta anual sobre tendencias de población global realizada por el Fondo de Población de Naciones Unidas, otro organismo integrado por demógrafos, economistas y científicos altamente cualificados. Afirma que la población mundial no está ralentizándose tanto como habían previsto los conservadores. La población mundial pasará de los 6.000 millones en la actualidad a 9.100 millones en 2050, produciéndose ese crecimiento en los países más pobres.

Aporta los ejemplos de India y de China. India crece tan rápidamente que su población superará a la de China en otra generación. India y China juntas suponen casi un tercio de la humanidad. Es conocida su enorme necesidad de petróleo y carbón, incitada no sólo por sus gigantescas poblaciones, que pasan de la madera y el estiércol a los combustibles de carbón como fuentes de calefacción, iluminación y cocina familiares, sino por su rápido crecimiento industrial.

En un año, las importaciones petrolíferas de China aumentaron un tercio, superando ya a las de Japón. Las mismas importaciones de India se incrementaron en un 11%, y crecen de forma alarmante. Todo esto contribuye al alza insoportable de estos productos imprescindibles para mantener el sistema de vida de los países occidentales. El precio del crudo ya ha alcanzado los 55 dólares por barril, cantidad que hasta hace poco se creía imposible de afrontar. Esto cuando la OPEP acaba de anunciar la producción de 500.000 barriles diarios más para evitar ese alza ruinosa que causan los especuladores.

Recordemos que China e India están exentas de adherirse a las limitaciones de emisión del Protocolo de Kioto porque, a pesar de su enorme gasto de combustible, todavía consumen menos de una sexta parte del índice estadounidense por persona.

“A medida que surgen más pruebas sobre el daño que estamos infligiendo al planeta por el uso desenfrenado de energía -se pregunta Kennedy- mientras China e India avanzan para convertirse en los mayores emisores de gas con efecto invernadero del mundo, ¿qué poder económico, científico y moral puede poner Washington sobre la mesa de negociaciones para impedir que leguemos a nuestros nietos un planeta echado a perder? Muy poco. Cuando Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos y Japón se estaban industrializando con gran rapidez hace 100 años, se enzarzaron en una batalla internacional para hacerse con las fuentes energéticas mundiales, estuviesen donde estuviesen”.

Hoy ocurre lo mismo. La rivalidad por los recursos de petróleo y gas entre Estados Unidos, China e India, junto con de Japón y Europa, para encontrar otras fuentes es casi desesperada. Lo más preocupante es que la política exterior de EEUU se va a enfrentar con los intereses vitales de los dos gigantes India y China que no aceptarán las reglas de juego impuestas por Occidente.

 

José Carlos García Fajardo

Profesor de Pensamiento Político y Social (UCM)

Director del CCS

fajardo@ccinf.ucm.es