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  Alta Tensión

Las torres de alta tensión forman parte del paisaje de las ciudades. Algunos de estos cables están situados a pocos metros de edificios de viviendas y representan un ejemplo de cómo los avances tecnológicos pueden volverse en contra del hombre. Muchos estudios buscan la relación entre los campos electromagnéticos que producen las torres de alta tensión y los problemas de salud de quienes viven junto a ellas, pero todavía no se ha demostrado nada de forma concluyente.

Quienes afirman que las torres son peligrosas se apoyan en estudios como los publicados por el Instituto Karolinska, encargado de conceder los premios Nobel, y que sostiene que existe un riesgo cancerígeno causado por la alta tensión. La OMS ha recogido más de 25.000 artículos sobre esta polémica y las pocas conclusiones obtenidas hasta ahora son contradictorias.

Hasta hoy se ha podido demostrar que en las zonas en las que hay campos electromagnéticos éstos provocan en las personas pérdidas de memoria, jaquecas, alteraciones del sueño, afecciones al sistema inmunológico y hay más casos de cáncer y leucemia infantil.

Las empresas de electricidad defienden que no se puede probar que los campos magnéticos sean inocuos para la salud, pero tampoco hay ningún estudio que haya obtenido conclusiones tan sólidas como para detener el empleo de torres de alta tensión en los núcleos urbanos.

Una de las soluciones que se proponen consiste en enterrar los cables de alta tensión. Un pasillo subterráneo aislaría el campo magnético bajo tierra y desaparecerían las torres. Según los expertos, la solución no es tan buena: el campo magnético pasaría de estar sobre nuestras cabezas a circular dos o tres metros bajo nuestros pies. Puede que los efectos siguieran siendo los mismos.

Enterrar las torres o crear una corriente alterna que anule los efectos de los cables son soluciones demasiado caras. Mientras se investigan los daños que suponen las torres de alta tensión para la salud, se siguen rechazando soluciones por sus costes y se critican los estudios a favor y en contra de las compañías eléctricas por estar sujetos a intereses económicos.

El Parlamento Europeo emitió en 1999 un dictamen en el que "considera absolutamente necesaria la protección de los ciudadanos contra los efectos nocivos para la salud, o potencialmente nocivos a largo plazo, que se sabe pueden resultar de la exposición a campos electromagnéticos". Sin embargo, las torres permanecen en los parques, junto a los colegios y los cables cruzan las calles sin que las empresas se plantearan, antes de su instalación, sus posibles efectos.

Al peligro de los cables de alta tensión se han unido los posibles daños causados por las antenas de telefonía móvil. Las dudas sobre el riesgo que suponen para la salud de las personas han surgido mucho después de que se aprobara su uso y colocación en edificios de viviendas.

Hay razones de peso para que esta polémica no se deje atrás. Las personas que viven junto a las torres han visto privado su derecho a la salud sin que se les preguntara. Ellos no eligieron colocar ahí las torres y la compañía eléctrica tampoco les informó de los posibles efectos.

Las torres de alta tensión muestran como los avances tecnológicos pueden convertirse en amenazas para nuestro bienestar. La salud es una razón importante para seguir investigando los efectos de los campos electromagnéticos, para retirar las torres de los lugares donde haya personas afectadas.

Cristina Fernández Pereda
Periodista.
ccs@solidarios.org.es