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  24 de Junio del 2002

Cuestión de Prioridades

Alberto Piris
Centro de Colaboraciones Solidarias. España, Junio del 2002.

Un astronauta español respondía, hace tiempo, a las cuestiones que le planteaban los estudiantes, tras haber comentado, en un encuentro universitario, algunas de sus actividades espaciales. Un joven se permitió opinar que los ingentes recursos invertidos en ese empeño quizá estarían mejor dedicados al desarrollo de la humanidad sobre la Tierra, ante el panorama de hambre, miseria, enfermedades y degradación medioambiental que se observa en gran parte del planeta. "Tienes los esquemas equivocados", fue la pedante frase con que inició su respuesta el ultramoderno navegante espacial. Mostrando aires de suficiencia y una irritante superioridad, se dedicó acto seguido a argumentar sobre la importancia de los viajes espaciales en todo lo relacionado con el progreso de la humanidad. El estudiante, sintiendo que sus opiniones iban a contracorriente en un ambiente de mitificación de la astronáutica, no insistió y permaneció mudo durante el resto del acto.

El paso del tiempo ha permitido comprobar que no tenía los "esquemas" tan equivocados, y la más reciente actualidad ha venido a darle la razón. Bastaría considerar dos aspectos de ésta. Por un lado, los resultados de la conferencia sobre el hambre en el mundo, celebrada en Roma por la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura). Por otro, para completar la imagen, convendría examinar el informe preparado para la ONU sobre el estado del medio ambiente mundial, conocido como GEO-3 (Global Environment Outlook 3).

Repetir cifras y estadísticas que describen con contundencia un mundo donde un número abrumador de seres humanos pasa hambre día tras día, sin esperanza de salir de esa situación, o donde los bosques desaparecen con inusitada rapidez y la falta de agua potable se convierte en un problema de supervivencia para una población cada vez más numerosa, puede parecer reiterativo y aburrido, pero es la amarga realidad de hoy. El director del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, al comentar el informe citado, ha recordado que una política que da prioridad absoluta a los mercados conducirá inevitablemente a un deterioro medioambiental que impedirá el desarrollo equilibrado de las generaciones futuras.

Más de mil científicos de diversos países, desde la variada perspectiva de muchas especialidades, prevén en ese informe un futuro muy poco alentador para un mundo del que un 70% de su vida natural va a ser destruido en los próximos treinta años; algunas de cuyas especies se extinguirán masivamente y donde muchas sociedades humanas se hundirán en un caos irreversible, de seguir las cosas como hasta ahora.

El rotundo fracaso de la cumbre mundial contra el hambre no abre muchas puertas a la esperanza. Un partido de fútbol televisado obligó a adelantar la clausura de la conferencia. El resultado del encuentro Italia-México era más importante, para muchos de los delegados asistentes, que cumplir el programa previamente acordado. Puede ser un hecho anecdótico, pero revela, con bastante claridad, cuáles eran las prioridades de los que se autoconfieren la responsabilidad de acabar con el hambre en el mundo. Fallido empeño al que la anterior edición de esta conferencia, en 1996, también dedicó sonoras palabras que apenas tuvieron resultado práctico alguno.

Por poner un ejemplo, referido a África -el continente más hambriento del planeta-, la ayuda de los países ricos descendió en un 40% entre 1990 y 1999. Hoy, la mitad de los 600 millones de habitantes de la llamada África subsahariana vive con menos de un dolar diario. Poco se puede comer con esa cantidad.

Cuando en Agosto próximo se reúna en Sudáfrica la conferencia mundial para el desarrollo sostenible, se planteará, de nuevo, el más grave problema con el que hoy se enfrenta la humanidad, y que no es otro que el de satisfacer las necesidades de muchos millones de personas pobres y hambrientas sin producir un mayor deterioro medioambiental.

Los esquemas del estudiante arriba citado estaban bastante claros y se referían, como siempre sucede en política, a una cuestión de prioridades. ¿Qué elegir? Cada cual habría de decidir si prefiere que todos coman o que los sabios conozcan mejor el origen del cosmos. Si es mejor conservar una Tierra habitable o desentrañar los misterios del espacio. Porque no parece que existan recursos para lograr a la vez todos estos fines.

En las páginas finales de su último libro sobre la evolución de la vida en la Tierra, cita Arsuaga a Monod, el biólogo francés galardonado con el Premio Nobel: "Igual que su destino [el del ser humano], su deber no está escrito en ninguna parte. Puede escoger entre el reino y las tinieblas". El reino de un desarrollo sostenible con dimensiones humanas, o las tinieblas a las que inevitablemente conducirá un mundo regido sólo por la ley de los mercados: riqueza para unos pocos, hambre para muchos más y destrucción insensata del patrimonio común no recuperable.