Ir a Página de Inicio
 
  27 de agosto de 2001

Kioto, una responsabilidad inevitable


Miguel Jiménez*

Según datos del informe "Signos Vitales 2000" del Worldwatch Institute, en 1998 la temperatura media mundial ascendió 0,17 grados y alcanzó el récord de temperatura del siglo XX. En 1999, la temperatura aún subió otro quinto de grado centígrado. Se confirma así, la tendencia de los últimos 25 años en los que las temperaturas son cada vez más altas desde que comenzó la estadística mundial en 1865. Para el Worldwatch Institute, este hecho puede ser una consecuencia del fracaso para reducir las emisiones de carbono.

Efectivamente, hay tres hechos científicos sobre los que no cabe duda: sin la presencia de los gases invernadero que atrapan el calor en la atmósfera, la Tierra sería un planeta gélido e inerte, pero estos gases se están acumulando en la atmósfera más allá de los niveles naturales, y ciertas actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles, son la causa.

Así lo señalan los expertos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas. En su informe, presentado en enero, destacaban que la concentración de CO2 es la mayor de los últimos 20 millones de años. Además, paralelamente a este incremento, también aumentarán el nivel medio del mar y la temperatura media del planeta. De tal modo, los glaciares han perdido una media de 20 metros desde 1961 y la velocidad de deshielo crece. Por ejemplo, el mayor glaciar del Monte de Kenia en África, perdió el 92% de su masa en el siglo XX, mientras que España ha pasado de poseer 27 glaciares en 1980 a tan sólo 13.

Pero, el calentamiento de la Tierra no sólo afecta a los glaciares. El Fondo Mundial para la Naturaleza también ha hecho hincapié en los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad. "A medida que se acelere el calentamiento del planeta, las plantas y los animales se verán sometidos a crecientes presiones para emigrar, con el fin de encontrar nuevos hábitats adaptados a sus condiciones de vida. Muy probablemente, el cambio climático acarreará la extinción de muchos animales y plantas ."

Los expertos del IPCC prevén un aumento de la frecuencia de acontecimientos meteorológicos extremos, como olas de calor y precipitaciones intensas. Las inundaciones, los terremotos y las avalanchas también se multiplicarán. Las consecuencias del cambio climático serán más duras para los países del Sur. Estos Estados conocerán ciclones más intensos, las sequías se recrudecerán y se agravará la desertización. Una desertización que ya afecta a una cuarta parte de la Tierra y que, en África, afecta al 73% de las tierras cultivadas. Los efectos sobre la seguridad alimentaria y la propagación de enfermedades infecciosas serán nefastos.

El aumento del nivel del mar anegará zonas costeras y ciudades, y producirá la desaparición de islas del Índico y del Pacífico, como Tuvalu. Este pequeño Estado insular ya ha perdido un 1% de su superficie total, y se cree que su territorio desaparecerá en 50 años. Por eso, Tuvalu ha sido uno de los principales promotores en defensa del acuerdo de Kioto junto con la Alianza de los Pequeños Estados Insulares, frente a la actuación de EEUU y Australia, dos de los mayores productores de gases invernadero que, paradójicamente, se oponen al Protocolo de Kioto.

La dura realidad es que el cambio climático tiene víctimas y beneficiados. Con el calentamiento del planeta, las sociedades del Norte podrán beneficiarse de mejores condiciones para la agricultura y de inviernos menos rigurosos, lo que redundará en un mejor estado de salud de la población. Por otro lado, los países del Norte están mejor preparados y son menos vulnerables ante el cambio climático, según sean más o menos septentrionales.

Ante esta situación, parece increíble que aún no se reconozca, desde algunos países, la importancia de tomar medidas frente al calentamiento terrestre, algo que afecta a toda la humanidad y que pone en juego la supervivencia de cientos de personas. Kioto es un primer paso, un paso hacia delante que no puede quedar en el olvido, ni puede ser rechazado por aquellos cuya responsabilidad es inevitable.