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  CUERPO, ALMA, ESPIRITU
El Hombre Tridimensional

El estudio de los textos premodernos nos desvela la importancia que tenía antiguamente, tanto para la sociedad como para el individuo, la idea de la tripartición del hombre en Cuerpo, Alma y Espíritu.

Hasta Descartes, el Alma fue comprendida como la parte síquica del hombre, lo que hoy diríamos la mente; el Espíritu era visto como perteneciente a una dimensión intemporal, impersonal y metafísica.

Descartes estuvo en el origen de la confusión dramática entre el alma y el espíritu. Lo que antes que él era claramente diferenciado como procedente del Alma (lo síquico), o proveniente del Espíritu (lo metafísico), hoy en día ya no lo es.

En esa reducción de la existencia, Descartes está igualmente en el origen de ese enorme error y esa enorme ignorancia que es el "pienso luego existo".

De esta manera hemos llegado a un dualismo "cuerpo-alma", una visión binaria que ha conducido al hombre a creer que solo es cuerpo e intelecto, o mejor todavía cuerpo y mente, ya que la palabra intelecto designaba antiguamente la capacidad de captación espiritual y no la capacidad mental racional como designa hoy en día.

Esta visión binaria ha conducido al hombre a negar toda dimensión transcendental. Concibiendo al hombre como Cuerpo y Mente, y olvidando el Espíritu, se corta por arriba cualquier dimensión superior, y por tanto cualquier salida a la encerrona de las emociones y los procesos mentales.

Este hombre que ignora el Intelecto o la Intuición Intelectual (el Budhi de los orientales) no tiene acceso a ese "organo" que le permite conocer las verdades absolutas. Permanece así encerrado en la duda y en lo relativo ya que la mente pensante no puede abarcar lo que está por encima de ella. Solo el Intelecto, el Espíritu, puede asirlo.

Este hombre "Cuerpo-Alma" tiene en si potencialidades insospechadas, que él deja yacer en lo más recóndito. Este hombre permanece en el estado larvario anterior a la metamorfosis.

Esta metamorfosis es el segundo nacimiento según Rabí Jesús; tema principal desarrollado en los Evangelios y los escritos de Pablo de Tarso. La condición previa a este nacimiento es la "muerte del hombre viejo" (San Pablo), la disolución del ego cuyas manifestaciones hechan raíces en el siquismo.

La diferenciación entre síquico (Alma) y espiritual (Espíritu) pasa por un proceso de observación de las manifestaciones del ego; permitiendo esto ver el límite, en vivo y en directo, de la irrealidad del hombre "cuerpo-alma".

Volver a una idea ternaria del hombre es una vía de esperanza, en la cual puede ponerse de manifiesto un posible porvenir para el ser humano.