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  3 de Agosto del 2002

A fuego lento

La Globalización Muere por "Infección de Codicia"


Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, 3 de Agosto. Ahora, cuando la ya libre, desregulada y todopoderosa mano del Mercado sólo atina a robarle inversiones, pensiones, jubilaciones, hipotecas y salarios a los consumidores e inversionistas de a pie, podemos entender las razones que llevaron a los gobiernos del mundo a imponerle a esta monstruosa garra las restricciones conocidas después de la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado. Es obvio que si se la deja suelta empieza a codiciar los bienes ajenos, a levantar falsos testimonios y a mentir y, finalmente, a hurgar, con virtuosismo de carterista, en los nudos de pañuelo de la gente común y corriente.

Ante los fraudes contables que han hecho de la "ética" neoliberal (valga el oxímoron) un chiste cruel del más puro pedigrí global, y que encuentra expresión clínica en el "síndrome Enron", los halcones de la Casa Blanca están proponiendo, con el prepotente tono terco de los profetas, una olímpica salida al colapso de la globalización financiera, consistente en apostar todo a la industria armamentista y, en consecuencia, a la promoción del mercado global de la guerra mediante una agresión a Irak entre octubre y diciembre próximos. El economista Lawrence Kudlow le ha recomendado a Bush esta opción para subir el índice Dow Jones en por lo menos dos mil puntos (pues dicen que el Nasdaq tardará diez años en recuperarse) y, por su parte, Bush trata por todos los medios de concitar el apoyo de Rusia e Inglaterra para lanzarse en esta aventura, que sin duda involucrará no sólo al mundo árabe sino a Europa entera y a China.

Las políticas que llevaron al planeta al borde de este abismo son precisamente las que los neoliberales cacarean como loros en todos los foros que acaparan ante la estupidez, ignorancia, estupor, parálisis y corrupción de las izquierdas, a saber: reducción del gasto público, liberalización financiera y comercial, apertura sin restricciones impositivas a la inversión extranjera, privatización de los bienes del Estado, encogimiento neutralizador del poder de éste, desregulaciones generalizadas y carta blanca para las leyes de la sacrosanta mano del Dios-Mercado.

Estas medidas provocaron la desnacionalización de las economías del Tercer Mundo y dispararon la demencia especulativa y el fraude contable a escalas planetarias, tal como lo atestiguan Enron, WorldCom, Citigroup y parece que también AOL-Time-Warner, entre tantos otros órganos vitales de la "libertad" empresarial neoliberal: ese fundamentalismo mercadológico profesado por seres más dogmáticos que cualquier terrorista, como los Samuel Huntington, los Francis Fukuyama, los Paul Wolfowitz y todos sus nada creativos ecos locales en los países tercermundistas, quienes proponen como zombis las recetas que hacen colapsar sistemas económicos locales, como los de Argentina y Uruguay, y sistemas financieros globales como el del corporativismo estadounidense y el de la Bolsa de Nueva York.

Pero, como buenos fundamentalistas y dogmáticos que son, los neoliberales siguen vociferando su "libertarianismo" ante un vulgo desconcertado al que ofrecen libertad y más libertad empresarial para que alcance lo que le proponen como el valor más preciado de la Humanidad: la capacidad de intercambiar bienes y servicios en mutuo beneficio sin que el Estado coaccione esta actividad, que perciben como la "esencia" de la libertad humana, creadora de riqueza, empleos, y más bienes y servicios. Bonito, ¿no? Los resultados de este utópico e irresponsable reduccionismo de lo humano a lo mercantil y las medidas económicas y financieras derivadas, está a la vista en el derrumbe de Wall Street.

Estos son los indicadores de que la globalización financiera a comenzado a morir enredada en sus propias correas, tal como feneció el "socialismo real" en 1989, después de la Perestroika. Convendría empezar, pues, a pensar de nuevo en conceptos y realidades que cayeron en desuso en los años noventa como: soberanía, autonomía y dignidad del Estado nacional, frente a una globalización que no puede ni debe realizarse según las recetas de la demencia neoliberal, enferma de lo que el mismo Allan Greenspan, jefe de la Reserva Federal estadounidense, llamó, según él para "explicar" la "causa" del colapso financiero global, "una infección de codicia".