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  26 de Julio del 2002

Globalización Rica, Globalización Pobre:
¿Quién las gobierna?


Enildo Iglesias
Rel-Uita. Uruguay, Julio del 2002. Numerosos autores mencionan la existencia de dos globalizaciones: una rica y otra pobre. El 6% de la población mundial, del cual un 98% vive en los países ricos del Norte, posee 59% del total de la riqueza. Esa es la globalización rica. Por otro lado, más de 80% de la población total vive en la pobreza y el 33% padece una hambruna de una magnitud nunca antes registrada. Es la globalización pobre. En octubre de 2001 James Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, aseguró que "si no tendemos una mano a la gente viviendo en la pobreza y no creamos una mejor distribución de la riqueza, no habrá paz", y que "la pobreza en un lugar es pobreza en todos lados". En su opinión, los atentados del 11 de septiembre dejaron en claro que "el que todavía creía que había una pared entre los dos mundos, seguro que ahora ya cree que simbólica y realmente esa pared se ha derrumbado. Para mí, esto implica un enorme cambio en términos de interdependencia global y del rol de mi propia institución, y más allá de eso, en la forma en que pensamos sobre el desarrollo. Los dos mundos han desaparecido. Hay sólo un mundo".

En un artículo periodístico, (2) Wolensohn vuelve sobre el tema planteando la necesidad de adoptar medidas multilaterales, a saber: multiplicar la ayuda exterior; reducir las barreras comerciales y luchar contra las presiones proteccionistas, y centrar la ayuda al desarrollo para garantizar buenos resultados. "Esto significa mejorar el clima de inversión, la productividad, el crecimiento y el empleo, así como dar autonomía a los pobres y ayudarles para que puedan participar plenamente del crecimiento". Y por último, actuar a escala internacional en cuestiones mundiales. "Esto incluye no sólo hacer frente al terrorismo, la delincuencia internacional y el blanqueo de dinero, sino también combatir las enfermedades infecciosas como el SIDA y la malaria, y establecer un sistema de comercio mundial equitativo, salvaguardando la estabilidad financiera para evitar que se produzcan crisis profundas y repentinas, y proteger los recursos naturales y el medio ambiente, del que tantas personas pobres dependen para su sustento".

En su lenguaje diplomático, el presidente del BM deja entrever que las medidas mínimas para enfrentar las consecuencias sociales del modelo neoliberal de globalización pasan por dos ejes centrales: la solidaridad (cooperación internacional) y actuar a escala internacional en cuestiones mundiales. Lo de la solidaridad es claro y no necesita mayores comentarios. Sobre la actuación a escala internacional en cuestiones mundiales pretendemos aportar nuestros puntos de vista y propuestas.

Por un lado tenemos la llamada globalización, generadora de enormes y nuevos problemas mundiales, por otro instituciones nacionales sin ninguna capacidad ni posibilidad para resolverlos. Es esta debilidad del Estado-nación lo que lleva, con las consecuencias conocidas, a la impotencia y al descrédito de la política. Tal situación, que no puede sostenerse indefinidamente, lleva a la necesidad de actuar internacionalmente sobre los problemas mundiales. Lo curioso, como lo señala Oskar Lafontaine, es que las instituciones que se requieren para esta actuación ya existen: Unión Europea, Grupo de los siete, OCDE, FMI, OMC, etc. Claro que esas instituciones necesitan un baño de democracia a través de una participación más amplia. Observemos la situación existente en la organización "madre", la ONU:

Creada hace casi 60 años, continúa manteniendo la misma estructura y mecanismos como si nada hubiera cambiado en el mundo. Su Consejo de Seguridad (CS) tiene, según la Carta de la ONU, la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales. Dada la gravedad y el carácter de los problemas actuales, consolidar la paz y la seguridad es algo más que tratar de evitar las guerras (3) o desempeñar el papel de árbitro en las mismas. La situación de catástrofe social a la que se llevó a la mayor parte de la humanidad, sus consecuencias y su necesaria y urgente solución, debería ser uno de los temas prioritarios del CS. Por otra parte, es bueno recordar que el CS tiene la potestad de ser el único órgano de la ONU cuyas decisiones los Estados Miembros están obligados a cumplir. Claro que para que asuma ese rol se requieren decisiones políticas y democratizadoras, entre otras, modificar el poder de veto que poseen cinco de sus miembros permanentes. (4)

En lo que tiene que ver con el Consejo Económico y Social, en el mismo actúan varias Comisiones, Órganos Conexos y Organismos Especializados. Algunos de ellos con cometidos muy similares, por ejemplo: Conferencia de las NU sobre Comercio y Desarrollo, BM, OMC y un Departamento de Asuntos Económicos y Sociales dependiente de la Secretaría General; FAO, Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Programa Mundial de Alimentos, Comisión sobre Desarrollo Sustentable, Comisión de Población y Desarrollo. A esta superposición de funciones se le suma que, por lo menos de forma conocida y pública, no existe un accionar coordinado entre las mismas. Tal el caso de organismos como la OIT, FAO y la OMS que tratan temas estrechamente vinculados entre sí, sin embargo -que sepamos- no se convocan reuniones o conferencias conjuntas para unificar criterios y coordinar esfuerzos y recursos.

De todos estos organismos, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es la más atacada por la derecha política y económica y el gran empresariado. Las causas de estos ataques son fundamentalmente dos: por los temas que aborda, necesariamente la OIT adopta posturas y medidas políticas, bastante alejadas de las resoluciones burocráticas a que nos tienen acostumbrados la mayoría de los organismos de la ONU. Además, es el único organismo de la ONU de composición tripartita (gobiernos, empleadores y trabajadores).

Para la búsqueda de soluciones a las nuevas problemáticas que enfrenta el mundo actual, resulta imprescindible que el resto de los organismos de la ONU cuenten también con una integración que permita la participación ciudadana a través de sus organizaciones sociales. Las fórmulas para democratizar estos organismos pueden ser varias, por ejemplo, integrar un representante de la OIT en el Consejo General de la OMC. Para nada se trata de ideas disparatadas, pues ya se están dando pasos para "privatizar" algunos organismos de la ONU. Ese es el caso de la Organización Mundial de la Salud (OMS):

"El presupuesto de la OMS se eleva a cerca de 1.000 millones de dólares anuales. Sólo el 41% proviene de las contribuciones obligatorias de los Estados miembros, las que disminuyeron en un 20% en diez años. El resto corresponde a contribuciones voluntarias provenientes en un 61% de los Estados, en un 17% de fundaciones y en un 16% de empresas privadas. Esas contribuciones voluntarias financian acciones bilaterales que escapan al control de Consejo Ejecutivo y hacen a la OMS cada vez más dependiente de los principales donantes". (5) Aplicando el conocido principio de que cada dólar es un voto y sin dólares no hay votos, la OMS, bajo la dirección de la ex primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland, se está convirtiendo en una organización obscura, manipulada por las transnacionales y cada vez más alejada de sus fines originales.

Cuando el modelo de acumulación capitalista está poniendo de manifiesto todas sus contradicciones a través de los escándalos de los balances fraudulentos en algunas grandes transnacionales, es el momento adecuado para impulsar una ofensiva destinada a dotar a la ONU y a sus organismos especializados con mecanismos que permitan una mayor participación y control ciudadano.