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20 de Julio del 2001

La tasa Tobin y el proteccionismo: el engañoso programa de ATTAC

Greg Oxley
La Riposte

Aunque es cierto que los partidarios de ATTAC tienen motivaciones e ideas políticas diferentes, son muchos los que se han unido a esta asociación con la idea de luchar contra el capitalismo. Sin embargo, el programa defendido por los fundadores de ATTAC se encuadra en otra óptica.

Una de las principales reivindicaciones de ATTAC es la instauración de la "tasa Tobin", impuesto sumamente bajo (inferior al 1%) que se deduciría de ciertas transacciones financieras internacionales. James Tobin, el economista americano del que partió esta propuesta que data de los años 70, no es precisamente una persona de izquierdas.

Todo lo contrario. Haciendo gala de una hostilidad implacable hacia el sindicalismo, las ideas socialitas y, en general, hacia todo aquello que pudiera ser susceptible de perjudicar de cualquier forma al buen funcionamiento del capitalismo, Tobin ha dedicado su vida a la defensa a ultranza de los intereses de la primera potencia imperialista del mundo. En plena guerra fría, fue uno de los asesores del presidente Kennedy. Destacó particularmente como ferviente protagonista de la política de "bloqueo económico" contra aquellos países – especialmente países pobres y subdesarrollados- que se negaban a doblegarse a las exigencias de Estados Unidos.

Desde entonces, esta forma de presión se ha puesto en práctica en numerosas ocasiones, como es el caso de Iraq hoy en día. Las consecuencias humanitarias son absolutamente catastróficas, estimándose que más de un millón de iraquíes, la mayoría de ellos niños de corta edad, han muerto a causa del embargo. ¡Ahora resulta que por una ironía del destino, y sobre todo debido a la miopía política de los principales dirigentes de ATTAC, este viejo reaccionario ha sido elevado a pesar suyo al rango de campeón de la lucha mundial contra la injusticia! Pero dejemos a un lado las ideas políticas de este ilustre personaje, y examinemos de cerca en qué consiste la famosa "tasa Tobin". De la lectura de sus discursos de entonces, se deduce claramente que a Tobin le preocupaba el bajo nivel de inversiones extranjeras en Estados Unidos, y eso a pesar de los salarios especialmente bajos de los trabajadores americanos. Tobin pensaba que la excesiva facilidad con la que los capitales podían hacer lo que él llamaba "excursiones" por los mercados financieros, con el fin de actuar sobre la fluctuación de los tipos d cambio, atraía al capital en detrimento de las inversiones fijas. Además, señalaba, la Reserva Federal dispone de muy poco tiempo para ajustar su política monetaria a estos movimientos de capital, ya que dichas excursiones resultaban rentables a partir de las variaciones mínimas de los tipos de cambio. Por lo tanto, propuso, sin ningún éxito, la imposición de una tasa mínima que crearía, por decirlo así, una descansillo o una "cala" que necesitaría una modificación de los cursos un poco mayor antes de que dichas excursiones especulativas resultaren rentables. Según la idea de Tobin, la espera – que probablemente sólo duraría unas horas – de una variación de los cursos suficiente para poder lograr beneficios a pesar de la tasa, proporcionaría un tiempo suplementario de reflexión a las autoridades bancarias para tomar eventualmente medidas que defendieran el valor del dólar en los mercados financieros. Para tranquilizar a los financieros americanos, Tobin intentó quitar importancia al perjuicio que su proposición les causaría calificándola de simple "grano de arena" en los mecanismos de las finanzas internacionales.

En resumen, se trata de una propuesta que intenta proteger de mejor forma la rentabilidad del capital en general adoptando una medida disuasoria minimalista frente a un tipo concreto de beneficios. Por eso desde la perspectiva de la lucha contra el capitalismo no se aprecia en ella ni un ápice de contenido progresista. Pretender lo contrario, al modo del Monde Diplomatique y de ATTAC es simple y llanamente burlarse de la gente.

Sin duda esta tasa no verá la luz. Al fin y al cabo, muchos diputados miembros de ATTAC (algunos de ellos de derechas) han votado en contra. En su calidad de partidarios convencidos de la economía de mercado, esos mismos miembros de ATTAC tienen otros asuntos que atender como proseguir con las privatizaciones, desmantelar los servicios públicos, precarizar el empleo, cuestionar las pensiones, reducir las cargas patronales, aumentar los gastos militares y muchas otras medidas antisociales dirigidas a salvaguardar la rentabilidad del capital. De cualquier forma, incluso si se aplicara la tasa Tobin ¿supondría realmente un problema para los grandes especuladores? En absoluto. Los grandes financieros conocen mil maneras de eludir los impuestos, y más aún un impuesto de este tipo. Si la tasa Tobin llegara a cobrarse, sólo serviría para reconfortar a los grandes poseedores de capital frente a los más pequeños, ya que los primeros están en mejores condiciones de soportar un aumento de los costes que estos últimos. Sin embargo, las cosas sucederían en realidad de otro modo. Si un gobierno dado, o incluso todo un continente, tomara medidas que afectaran a la rentabilidad de los operadores, un boicot de 24 o 48 horas de las inversiones financieras bastaría para conseguir que se retiraran.

La tasa Tobin es, por lo tanto, una medida dirigida a proteger los intereses del capitalismo, y no a perjudicarle, que no beneficiaría en absoluto a los trabajadores. No obstante, los dirigentes de ATTAC se esfuerzan en dar a la tasa Tobin una apariencia radical y anticapitalista, insistiendo en la idea de que se trata, a pesar de todo, de una restricción contra la "especulación financiera" y que haría bascular los recursos financieros hacia "la inversión productiva". En realidad, los recursos de los capitalistas pasan de los mercados financieros a las llamadas inversiones productivas solamente cuando estas últimas son más rentables que los primeros. Y, de hecho, a pesar de lo que diga ATTAC, estas dos formas de inversión están íntimamente unidas. Los beneficios financieros obtenidos en los mercados monetarios se invierten a continuación en la producción, al igual que los beneficios obtenidos con la producción pueden servir para la especulación financiera, dependiendo de la rentabilidad de cada operación. Y, además, tenemos otra mala noticia para el señor Ramonet y el señor Cassens, que hacen una distinción clara entre inversiones "especulativas" y "no especulativas", ya que todas las inversiones de los capitalistas son especulativas, sin ninguna excepción. Cada franco que invierte el propietario de una empresa es justamente una especulación sobre la rentabilidad de la explotación de los trabajadores de esa empresa. Cuando la apuesta no produce beneficios, o produce pocos, se detiene la actividad. Cellatex, Marks & Spencer, Danone y muchos otros ejemplos recientes son prueba de ello.

James Tobin planteaba que lo recaudado con esta tasa se podía invertir en cierto número de "buenas causas", pasando a formar parte del dispositivo de ayudas económicas concedidas a los países subdesarrollados. Esta idea puede parecer generosa, pero en realidad no contradice en absoluto la estrategia promulgada por el mismo Tobin para poner de rodillas a poblaciones enteras mediante el bloqueo económico y el hambre. Jamás un país capitalista ha concedido una ayuda sin contrapartida en términos de acuerdos comerciales, de instalación de bases militares u otros beneficios. Tobin, que, a diferencia de los ideólogos de ATTAC, no se ha molestado en buscar pretextos, ha propuesto incluso que los ingresos los gestione directamente el FMI. ATTAC no ha querido secundarle y propone que los hipotéticos ingresos de la tasa Tobin los gestione un organismo con mejor fama, el Proyecto de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Pero el PNUD forma parte de las Naciones Unidas, y las Naciones Unidas están también bajo la influencia de las grandes potencias, y en particular, de Estados Unidos. Los ingresos de la tasa sólo serían un arma más en el arsenal de los países imperialistas para conseguir lo que quieren de los países subdesarrollados en términos de mercados y de alineación estratégica.

Tomemos el caso del pueblo iraquí. ¿Se puede concebir que el PNUD utilice el dinero de la tasa Tobin para combatir el terrible sufrimiento que Estados Unidos y la Unión Europea han infringido de forma deliberada a este pueblo? Evidentemente no, y desde esta perspectiva es difícil entender cómo se puede atribuir a esta reivindicación el más mínimo contenido progresista.

El programa económico de ATTAC y de Le Monde Dipomatique no se limita únicamente a la tasa Tobin. Los dirigentes de la asociación y del periódico adelantan una serie de reivindicaciones (un verdadero embrollo de cuotas, restricciones, impuestos y diversas penalidades deducidas sobre las importaciones, las exportaciones, las transferencias de capital, las inversiones directas en el extranjero, etc.) para "combatir la globalización".

En un artículo anterior (Librecambio y proteccionismo, La Riposte, abril 2000) presentábamos el carácter reaccionario de las desconcertantes propuestas de Bernard Cassens para que las grandes potencias "democráticas" pudieran castigar a las economías de los países que fueran considerados culpables de "no respetar los derechos humanos". En Le Monde Diplomatique (febrero 2000) Cassens propuso la puesta en marcha de un sistema muy elaborado de medidas punitivas, bajo la forma de impuestos sobre las exportaciones, de acuerdo con una escala de puntos que las Naciones Unidas adjudicarían a cada país. En el mismo artículo, examinábamos las medidas proteccionistas propuestas por Jacques Berthelot (Agriculture, le vrai débat Nord-Sud, Le Monde Diplomatique, marzo 2000). Berthelot defiende el establecimiento de barreras proteccionistas para evitar los intercambios comerciales entre los "bloques" regionales, por ejemplo entre América Latina y Europa, o entre Japón y Estados Unidos. Berthelot parece no darse cuenta de las dramáticas consecuencias sociales y económicas que provocarían este tipo de medidas. Las economías de todos los países están tan interrelacionadas que la puesta en práctica de estas medidas llevaría a una guerra comercial proteccionista que sumiría a la economía mundial en una profunda recesión.

En un artículo más reciente (Un autre modèle pour l'Agriculture Le Monde Diplomatique, abril 2000), Berthelot vuelve sobre el mismo tema. Pide que se prohíban las exportaciones a Europa de productos alimenticios de los países subdesarrollados con el fin de evitar que disminuyan los beneficios de los capitalistas de la industria agroalimentaria europea. Naturalmente Berthelot no dice ni una sola palabra sobre los salarios y las condiciones de los trabajadores de estos sectores.

Respecto a los países pobres, Berthelot afirma que éstos deben aprender a ser "autosuficientes".

Los dirigentes de ATTAC y Le Monde Diplomatique son realmente increíbles.

Primero defienden la tasa Tobin que según ellos permitiría llevar la riqueza y la felicidad a los países pobres, y después, sin pestañear, se declaran partidarios de medidas que hundirían aún más en la miseria a estos países y que les impedirían acceder a los mercados de las economías industrializadas.

  La globalización de la economía no es nada nuevo. Hace más de ciento cincuenta años, Marx y Engels describieron y explicaron sus mecanismos en El Manifiesto Comunista. Consideraban el desarrollo de los medios de producción y la unificación de la economía mundial a través del comercio como un proceso progresista desde el punto de vista histórico, ya que constituían las premisas materiales del socialismo. La humanidad ha alcanzado el actual nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y técnicas gracias a la división internacional del trabajo y a la producción a gran escala. Esta conquista abre la posibilidad por primera vez en la historia de la humanidad, de satisfacer las necesidades básicas de la población de todo el planeta. Si todavía viven en la pobreza las tres cuartas partes de la humanidad, si la riqueza está cada vez más concentrada en las manos de una pequeña minoría, si el hambre y las enfermedades curables matan a millones de personas cada año, es porque los medios de producción son todavía propiedad de los capitalistas y por eso no se pueden utilizar de una forma racional y democrática en interés de toda la humanidad. Por lo tanto, la solución a los males que aquejan a la humanidad se encuentra en la expropiación de los capitalistas y en la organización de la economía sobre principios socialistas y democráticos.

Denunciar los efectos nocivos de los "flujos de capital" es una cosa, pero lo verdaderamente importante es decidir quién debe disponer del capital. El capital es simplemente la acumulación de la plusvalía generada por la explotación del trabajo – de nuestro trabajo – por parte de los capitalitas. Cuando el capitalista invierte "su" capital para conseguir más beneficios, ya sea en operaciones financieras, en la producción y venta de armas, en empresas o en cualquier otro sitio, lo que hace es usar y abusar de la riqueza generada con nuestro trabajo con fines egoístas. En consecuencia, la única forma de poner fin a la especulación, la explotación, el militarismo, las guerras, el tráfico y la corrupción, es poner la propiedad y el control del "capital" en manos de quien crea la riqueza, o sea la clase obrera.

Si se tienen en cuenta las distintas propuestas de ATTAC, se observa que se trata básicamente de un programa proteccionista, favorable al libre comercio en el ámbito de los bloques regionales, como la Unión Europea, Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) o ALENA (Estados Unidos, Canadá, México), pero hostil al intercambio entre "bloques". Llamemos a las cosas por su nombre, es un programa reaccionario, que pretende "proteger" a los mercados y beneficios capitalistas "regionales" de la competencia extranjera, y que de paso olvida que esta medida proteccionista conlleva una contramedida proteccionista, de tal forma que el resultado global sería una fuerte concentración del volumen de intercambios mundiales y, por lo tanto, una recesión económica. Lo que no interesa a nadie y mucho menos a aquellos que Ramonet, Cassens y Berthelot pretenden ayudar.

En Francia, muchos militantes se han unido a ATTAC debido al rechazo que les produce la mediocridad de las directivas socialistas y comunistas. Sin embargo el programa de ATTAC no está a la altura de la situación. El movimiento sindicalista y los partidos de izquierda son las fuerzas más poderosas de la sociedad francesa. Sin embargo, para cambiar la sociedad, el movimiento social debe dotarse de un programa realmente socialista y de dirigentes dedicados en verdad a la lucha contra el capitalismo. El proteccionismo y las deducciones fiscales simbólicas no resolverán nada. El advenimiento del socialismo lo cambiará todo.