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Memorias de Porto Alegre y Nueva York

La revuelta desde las "costuras"
Naomi Klein
Masiosare

La mayoría coincidía en que el corazón del Foro Social Mundial no estaba en los eventos oficiales, sino en los momentos fuera del guión. Y ahí afuera se definía que ya no importa lo que se diga o haga en los centros de poder, sino lo que se pueda construir desde los espacios de enmedio, con su escondida fortaleza, en esos espacios que la autora llama las "costuras".¿Una ortodoxia económica tan poderosa -que incluso puede soportar los latigazos de sus partidarios, tal como se vio en Nueva York- puede ser derribada por una revuelta desde las "costuras" como la que ocurre en Argentina?

En el primer día del Foro Social Mundial (FSM) en Porto Alegre, Brasil, en los pasillos se rumoraba sobre las deserciones del Norte. Los altos delegados estaban cambiando de barco, del Foro Económico Mundial (FEM) en Nueva York a Porto Alegre: un primer ministro europeo, directores del Banco Mundial, hasta ejecutivos corporativos.

Algunos nunca llegaron, otros sí. Pero, aún así, los debates sobre lo que podía significar estaban candentes. ¿Era evidencia de la nueva fortaleza del Foro (después de todo, atrajo a 60 mil participantes) o un signo del inminente peligro?

El Foro Social Mundial fue fundado el año pasado como una alternativa al encuentro anual de las mil principales corporaciones, líderes mundiales y forjadores de opinión que normalmente se reúnen en Davos, Suiza, pero que este año se encontraron en Nueva York. Ahora, sin embargo, con estos nuevos arribos altamente poderosos, el FSM corría el riesgo de pasar de ser una clara alternativa a ser una desordenada fusión: grupos de fotógrafos iban tras los políticos; los investigadores del mercado de PricewaterhouseCoopers merodeaban en las salas de recepción de los hoteles, buscando oportunidades para "dialogar"; los estudiantes le aventaron un pay de merengue a una ministra francesa.

En Nueva York hubo un caos parecido, con las ONG actuando como corporaciones, las corporaciones reetiquetándose como ONG, y casi todos vanagloriándose de que realmente estaban ahí en calidad de Caballo de Troya. El tono -si bien no los tiempos- definitivamente ha cambiado.

El Foro Económico Mundial solía ser un sitio donde los ricos no tenían por qué disculparse de su riqueza, y donde la elite portaba su elitismo con aire desafiante. Pero en tan sólo tres años, Davos se transformó de un festival de la desvergüenza a un desfile anual de vergüenza pública, a un severo salón capitalista sadomasoquista. En vez de regodearse, los megaricos ahora tratan de ganarle al de junto en pronunciar discursos autoflagelatorios sobre lo insostenible que es su egoísmo, sobre como los pobres se van a levantar y los van a devorar si no cambian sus modos. Una y otra vez, los delegados se atan voluntariamente para recibir los latigazos de sus críticos, desde Amnistía Internacional hasta Bono.

Este año, cuando la conferencia se cayó de su percha alpina y llegó a los escombros de la ciudad de Nueva York, el abuso subió a un pico más alto que el propio Davos. "La realidad es que el poder y la riqueza en este mundo están muy, muy desigualmente repartidas, y demasiada gente está condenada a vidas de extrema pobreza y degradación", dijo El Jefe Dominatrix de Davos, el secretario general de la ONU Kofi Annan. "La percepción, compartida por muchos, es que la culpa la tienen ... las personas que atienden este encuentro". ¡Auch! Como se leía en una de las pancartas afuera en la calle:

"¡Capitalismo Malo! Ni un martini".

Así las cosas, estas flagelaciones públicas, desde el FEM hasta las audiencias de Enron, ¿son una señal de progreso? ¿Cuáles ?para tomar prestada una frase que las más de las veces se dirige a nosotros, reunidos en Porto Alegre- son sus alternativas- ¿Tienen ideas claras sobre cómo se puede distribuir mejor la riqueza? ¿Tienen concretos planes de acción para parar la crisis del Sida o el cambio climático? Desgraciadamente no. Las principales políticas económicas que gobiernan a la globalización sólo se han acelerado en el pasado año (frescos recortes fiscales, planes para nuevos oleoductos, programas de privatización más profundos, protecciones laborales más débiles...).

No es de asombrarse que muchos jóvenes han llegado a la conclusión de que las políticas o los políticos individuales no son el problema, sino el sistema de poder centralizado en sí. Por esta razón, mucha de la atracción del Foro Social Mundial radica en que la ciudad anfitriona, Porto Alegre, representa un posible reto a esta tendencia. La ciudad es parte de un creciente movimiento político en Brasil que sistemáticamente delega el poder a la gente a nivel municipal, en vez de acapararlo a nivel nacional o internacional. El partido que ha sido el arquitecto de esta descentralización en Brasil es el Partido de los Trabajadores, el PT, ahora en el poder en 200 municipios, y con su líder encabezando las encuestas para la elección presidencial.

Muchas ciudades del PT han adoptado el "presupuesto participativo", un sistema que permite la participación ciudadana directa en la asignación de los escasos recursos de la ciudad. A través de una red de consejos vecinales y temáticos, los residentes votan directamente sobre cuáles calles serán pavimentadas, cuáles centros de salud serán construidos. En Porto Alegre, esa devolución del poder ha traído resultados que son el espejo opuesto de las tendencias globales económicas. Por ejemplo, en vez de reducir los servicios públicos a los pobres, la ciudad los ha incrementado sustancialmente. Y en vez de que el cinismo y el abstencionismo crezca en espiral, cada año, la participación democrática se incrementa.

El momento global

El presupuesto participativo dista de ser perfecto, y era tan sólo una "alternativa viviente" en exhibición en el FSM. Sin embargo, forma parte de una pauta de rechazo a lo que el científico político portugués Boaventura dos Santos llama "democracia de baja intensidad", para favorecer democracias de mayor impacto, que incluyen desde los activistas de medios independientes que crean nuevos modelos de medios participativos hasta los campesinos sin tierra que ocupan y siembran suelos no utilizados en todo Brasil.

Muchos continúan sin impresionarse, aún esperan que una nueva ideología llegue de arriba hacia abajo para impartirla en la clase. Un periodista que fue al Foro me dijo que todos los enfoques en el poder local representaban "un retiro maoísta al campo". The New York Times declaró en un titular: "El Foro en Brasil, más Local que Mundial". De hecho, con los eventos masivos en Nueva York y Porto Alegre, la semana pasada fue verdaderamente un momento global para este movimiento. Para mí, el momento cristalizador vino una noche, ya tarde, en el campamento juvenil en Porto Alegre. Unos mil jóvenes se reunieron alrededor de una bocina. Estaba transmitiendo noticias en vivo desde las manifestaciones callejeras en Nueva York fuera del Hotel Waldorf Astoria. Las noticias eran enviadas por una reportera del Centro de los Medios Independientes [Indy Media], quien hablaba por teléfono celular, desde la muchedumbre. Su voz era transmitida en vivo por internet. La recogía una pequeña estación de radio instalada en el campamento, donde sus palabras eran traducidas al portugués y después transmitidas. Hubo un momento en el que el servidor estadunidense falló e inmediatamente fue reemplazado por un respaldo en Italia.

Prácticamente todos coincidían en que el corazón del Foro Social Mundial no estaba en los eventos oficiales. Estaba en los momentos fuera del guión, como cuando mi amigo italiano Luca Casarini trató de resumir el encuentro a la hora de la cena. "Se trata sobre ?¿cómo se dice en inglés?? esto", dijo. Y, utilizando el Esperanto de los activistas en el Foro, compuesto de segundos idiomas a medias y mímica, jaló la manga de su playera y me mostró la costura.

Sí, las costuras. Quizá el cambio no radica en lo que se diga y haga en los centros, sino en las costuras, los espacios de en medio con su escondida fortaleza. En Porto Alegre, la semana pasada, se platicó mucho sobre el cercano Buenos Aires, donde algunos dicen que una revuelta desde las costuras ya está en marcha. Los manifestantes callejeros no claman por un cambio del guardia político, en vez, han adoptado el amplio lema de "deshazte de todos".

Han concluido que no basta con derrocar a un partido político y reemplazarlo con otro. En vez de eso, intentan hacer algo infinitamente más difícil: derribar una ortodoxia económica tan poderosa que hasta puede soportar que sus más fuertes partidarios le den de latigazos y la pateen desde el centro.

La pregunta es: ¿Puede defenderse de un ataque desde las costuras?

(Traducción: Tania Molina Ramírez)

Fuente: www.rebelion.org