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  26 de Febrero del 2003

Soja Transgénica, un Monstruo Fuera de Control

Peter Rosset
La Jornada

Actualmente los productores de soya en Estados Unidos se encuentran en una espiral hacia abajo, en un camino "suicida" que pronto podría acabar en el desastre total para ellos y para las sociedades y ecologías rurales que lo rodean.

Varias investigaciones económicas revelan cómo la soya transgénica, resistente a Roundup, herbicida de marca registrada de Monsanto, ha modificado el comportamiento de los agricultores frente al mercado y cómo se ha generado una especie de monstruo fuera de control.

El mercado internacional de soya, como todo mercado de materia prima, se caracteriza por fuertes fluctuaciones de precios y esto siempre ha constituido un problema fundamental para quienes la cultivan. Sin embargo, en términos históricos, hubo cierta autorregulación del mercado, porque al caer el precio mundial de la soya, los productores solían reducir su área de siembra, puesto que no valía la pena sembrarla con un precio bajo.

Sustituían con otros cultivos la superficie que dedicaban a este frijol. Esto tenía el efecto saludable de reducir el volumen de la producción mundial de soya, permitiendo que su precio se recuperara y evitando las caídas de su valor demasiado grandes o prolongadas. Para compensar la disminución de sus ingresos, los agricultores podían haber decidido sembrar más soya, produciendo una mayor cantidad del frijol, en lugar de reducir sus áreas de siembra. Pero no hicieron esto antes por los altos costos que implica abrir nuevos terrenos para el cultivo de este producto. Sin embargo, con la introducción de la soya resistente a Roundup, se ha vuelto muy fácil abrir nuevos terrenos al cultivo utilizando herbicidas.

Como consecuencia, los productores han cambiado su comportamiento frente a las fluctuaciones del mercado. Hoy en día en lugar de reducir el área sembrada de soya cuando el precio cae, la aumentan, usando herbicida para abrir más terreno, incrementando la producción total como vía para compensar la obtención de menores ganancias por hectárea. Esto es, se está haciendo precisamente lo que no se hacía antes. Es así como se ha abierto el camino de la espiral hacia abajo: el precio se cae, los productores responden con un área de cultivo de soya mayor y un aumento de la producción total. Esto provoca otra caída del precio, a la que se responde siguiendo el mismo patrón de incremento en la producción.

El ciclo se repite. La consecuencia ha sido terrible en términos económicos. Cuando se introdujo la soya transgénica en Estados Unidos en 1996, el precio mundial estaba en su punto más alto de los últimos años: 307 dólares por tonelada. Desde entonces el precio ha caído cada año de manera sostenida. En la actualidad se encuentra en alrededor de 200 dólares la tonelada. El precio, además, no parece tener posibilidad de recuperación. Y todo señala que será peor en el futuro. El mercado mundial está saturado, los agricultores siguen usando herbicida para aumentar el área sembrada, la sobreproducción aumenta, y los precios siguen cayendo por el suelo.

Mientras tanto, la soya se comporta como un monstruo desatado, fuera de control. El área cultivada con soya aumenta dramáticamente. El monocultivo arrasa con nuestras zonas rurales, consumiendo y desplazando toda actividad agropecuaria alterna, remplazando la diversidad biológica, económica y social con la dependencia exclusiva en un solo producto: el suoyo. Se trata de un mercado que marcha rumbo al desastre. La soya transgénica de Monsanto está provocando la aparición de un gran desierto verde que carga consigo un montón de problemas.

Cada día hay más especies de malezas resistentes a Roundup, la productividad de la soya transgénica es inferior a la convencional y el Roundup ha acabado con la biodiversidad de plantas silvestres, dejando a su paso una especie de tierra quemada y contaminada. Introduce, además, al sistema alimentario, muchos riesgos potenciales para los consumidores, que no han sido estudiados adecuadamente. Los seres humanos se han convertido en las ratas de laboratorio de un enorme experimento de manipulación genética.

Desde la lógica de la sustentabilidad, cada día es más claro que el modelo sojero actual, basado en la leguminosa transgénica, está en bancarrota. Más valdría pensar en formular alternativas basadas en la producción diversificada, en reducir la dependencia hacía mercados únicos y en desarrollar opciones productivas tales como la agroecología, que es más sano para las sociedades y ecologías rurales. Esta es la lección de la soya transgénica de Monsanto en mi país.

Peter Rosset es especialista en políticas de desarrollo agropecuario y codirector del Institute for Food and Development Policy, conocido como Food First, en Oakland, California, EU (http://www.foodfirst.org